El regreso del maximalismo: más texturas y más personalidad
Durante años, el minimalismo parecía tener la respuesta para todo: menos colores, menos accesorios, siluetas limpias y prendas que prometían combinar con absolutamente todo. La moda se volvió silenciosa, casi calculada; vestir bien parecía depender de saber cuándo parar, de tener lo suficiente sin que pareciera demasiado.
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Pero ahora está el regreso del maximalismo: más color, más textura, más personalidad.
Después de tanto minimalismo, el exceso vuelve a sentirse atractivo
El beige se convirtió en una especie de uniforme, los básicos en una inversión y la idea de un guardarropa “atemporal” en una de las mayores aspiraciones; la ropa debía ser versátil, práctica y, sobre todo, fácil de combinar. Pero después de tanto beige, blanco y gris, algo tenía que pasar: nos cansamos de vestir para no llamar la atención.
El maximalismo está regresando, y no lo hace precisamente con discreción: colores intensos, estampados que compiten entre sí, texturas, accesorios enormes, siluetas exageradas y prendas que parecen tener algo que decir. La moda vuelve a entenderse como una forma de expresión y no solamente como una manera de vestir.

Quizá lo interesante de este regreso no sea únicamente que estamos usando más color, sino que estamos dejando de tenerle miedo al exceso. Después de años en los que las tendencias parecían decirnos que debíamos construir un guardarropa “atemporal”, ahora existe un interés mucho más fuerte por desarrollar una estética propia; ya no se trata de tener menos, sino de elegir piezas que realmente representen quién eres.
Foto vía: Gorunway / Viktor&Rolf
Porque también hubo un momento en el que parecía que todos estábamos intentando vernos iguales. Las mismas siluetas, colores, tenis, bolsas; los básicos cuidadosamente combinados para parecer que no habían sido elegidos de esta manera. Incluso las estéticas que pretendían ser diferentes terminaban compartiendo una misma fórmula.
Cuando destacar vuelve a sentirse atractivo
Y cuando todo empieza a parecerse, destacar vuelve a sentirse atractivo. El maximalismo aparece entonces como una posibilidad de romper con esa uniformidad, no necesariamente desde la necesidad de llamar la atención, sino desde el deseo de recuperar cierta individualidad. Vestirse deja de ser únicamente encontrar la combinación más favorecedora y vuelve a convertirse en una forma de jugar.
Y el maximalismo no significa simplemente usar muchas cosas al mismo tiempo; también está en la textura de una prenda, en una combinación inesperada de colores, en unos zapatos que rompen por completo con el resto del look o en un accesorio que convierte algo sencillo en algo imposible de ignorar.
Foto vía: Glamour

Puede existir incluso dentro de un look aparentemente sencillo. Una prenda con una construcción extraña, una silueta exagerada, un material inesperado o un detalle que nadie habría considerado necesario también puede ser maximalista. La exageración no siempre está en la cantidad; a veces está en la intención.
Ya no tenemos que elegir una sola estética
Durante años parecía necesario encontrar una sola estética y convertirla casi en una personalidad: vestir de cierta manera, decorar de cierta manera, incluso fotografiarse de cierta manera.

Pero ahora todas parecen convivir al mismo tiempo. Coquette, boho, indie sleaze, Y2K, punk, gothic o cualquier mezcla entre ellas pueden existir en una misma persona. Ya no parece tan importante pertenecer completamente a una estética, sino tomar de cada una aquello que nos interesa y construir algo propio.
Foto vía: theellyworld
Esa es precisamente la esencia del maximalismo actual: no existe una sola manera de hacerlo. El maximalismo no está regresando de la mano de un solo diseñador, está apareciendo simultáneamente en las pasarelas, en el street style y en las redes sociales. Alessandro Michele lo lleva nuevamente a Valentino, mientras diseñadores como Daniel Roseberry en Schiaparelli lo convierten en espectáculo y una nueva generación de diseñadores lo traduce en algo mucho más cotidiano.
Del effortless a hacer evidente el esfuerzo
También hay algo particularmente interesante en que esta tendencia aparezca después de la obsesión por lo effortless. Aprendimos a vestirnos como si no hubiéramos pensado demasiado en nuestra ropa. Incluso cuando había horas detrás de esa apariencia, el objetivo era que no se notara.
El maximalismo parece querer hacer exactamente lo contrario: que se note la elección, el color, la textura, el esfuerzo.
La exageración también puede ser íntima; puede estar en un vestido rojo intenso, en una falda con volumen, en una combinación de estampados o simplemente en decidir que hoy no quieres vestirte de manera “práctica”. Porque durante mucho tiempo la moda nos enseñó a reducirnos antes de agregar, a pensar si una pieza realmente combinaba con el resto de nuestro guardarropa antes de comprarla. A preguntarnos cuántas veces podríamos usar algo antes de decidir que valía la pena.
No se trata de comprar más, sino de expresar más
El maximalismo propone otra pregunta: ¿qué pasa si simplemente nos gusta? No todo tiene que ser versátil ni tiene que combinar con todo; no todo tiene que convertirse en una inversión inteligente.
Hay prendas que existen únicamente para hacernos sentir algo; ahí está una de las razones por las que esta estética vuelve a resultar tan atractiva. En un momento en el que gran parte de nuestra vida está construida alrededor de algoritmos que intentan predecir lo que nos va a gustar, elegir algo extraño, exagerado o innecesario puede sentirse como una pequeña forma de recuperar el control sobre nuestros propios gustos.
Foto vía: Filippo Fior / Gorunway

Aunque, por supuesto, el maximalismo tampoco está fuera de las lógicas de consumo. Las tendencias siempre encuentran una manera de convertirse en productos, y la exageración también puede terminar convertida en otra fórmula que todos comenzamos a repetir.
Por eso, el verdadero regreso del maximalismo no debería estar en comprar más, sino en permitirnos expresar más; porque tener personalidad no significa llenar un clóset de prendas llamativas. Significa saber qué quieres decir con ellas.
Más color, más textura, más personalidad
Estamos viendo nuevamente una moda más teatral, más divertida y mucho menos preocupada por pasar desapercibida. Después de una época obsesionada con lo básico, volver a exagerar se siente casi como recuperar una parte de nosotros mismos.
Como si después de tanto intentar vernos bien sin que pareciera que lo intentábamos, finalmente pudiéramos admitir que sí nos importa. Que sí pensamos en lo que usamos, que sí queremos ser vistos, y que no hay nada malo en eso; porque vestir bien nunca tuvo que significar vestir menos; a veces significa exactamente lo contrario: más color, más textura, más personalidad.
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