Loewe se cansó del beige: ¿nostalgia o rebeldía?
MODA

Loewe se cansó del beige: ¿nostalgia o rebeldía?

POR Mar Macchia agosto 24, 2026

Durante casi una década, la moda de lujo aprendió a hablar en voz baja. Los beiges, los grises y los blancos rotos se convirtieron en el uniforme silencioso de quienes querían demostrar buen gusto sin levantar la voz. Bolsos sin logo, cortes limpios, cero estridencia. Ese código, conocido como “quiet luxury”, dominó pasarelas y clósets de celebridades durante años.

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Y entonces llegó Loewe con una paleta que parece robada de una caja de plastilina

Desde que Jack McCollough y Lázaro Hernández tomaron la dirección creativa de la casa española en 2025, cada colección ha sido una fiesta de color: naranjas encendidos, verdes uva, rojos chile y azules que casi duelen a la vista. La pregunta que se ha instalado entre editores y consumidores es la misma: ¿esto es nostalgia por un pasado más divertido o es una rebeldía frontal contra el minimalismo que nos gobernó?

El silencio que se volvió norma

Para entender el contraste hay que recordar de dónde venimos. Los últimos años de moda estuvieron marcados por una estética que privilegiaba la discreción como símbolo de estatus: prendas sin estampados, materiales nobles, siluetas rectas. La idea era que el verdadero lujo no necesita anunciarse.

Foto vía: Pinterest

Ese lenguaje visual convivió, curiosamente, con una época de crisis económicas, ansiedad colectiva y sobreexposición digital. Vestirse «en silencio» también fue una forma de protegerse, de no destacar, de pasar desapercibido en un mundo que ya se sentía suficientemente ruidoso en redes sociales.

Loewe, bajo Jonathan Anderson, había construido su propio camino dentro de ese periodo: uno más surrealista, lúdico, cargado de referencias artísticas y guiños intelectuales, pero siempre desde una sofisticación contenida. Cuando Anderson dejó la casa para asumir la dirección creativa de Dior, la pregunta lógica era si su sucesor continuaría esa línea o rompería con ella.

Dos diseñadores, un giro de color

McCollough y Hernández no vienen de una gran casa de lujo europea. Fundaron Proenza Schouler en Nueva York, una marca con una identidad más cercana al arte contemporáneo y a una sensibilidad neoyorquina, sobria y arquitectónica. Nada en su trayectoria previa anticipaba el estallido cromático con el que debutaron en Loewe.

Foto vía: Instagram

Su primera colección, presentada en París en octubre de 2025, ya insinuaba el cambio: piezas de cuero en azul intenso, siluetas esculturales y una narrativa visual centrada en la sensualidad y la textura. La campaña que la acompañó, fotografiada en escenarios tropicales, hablaba de calidez, de piel al sol, de fruta madura. Todo lo contrario a la frialdad que había definido al lujo silencioso.

Pero fue en su segunda entrega, la colección otoño-invierno 2026, donde el color dejó de ser un detalle para convertirse en el protagonista absoluto. Los diseñadores llevaron la paleta a tonos casi infantiles: mandarina, uva, chile y verde césped, en abrigos inflables, botas de plástico brillante y bolsos de cocodrilo en amarillo limón. El propio dúo describió el proceso creativo como un ejercicio de disfrute, alejado de cualquier solemnidad. La casa, que este año celebra 180 años de historia, decidió festejarlo no con nostalgia reverente, sino con una energía casi de juguetería.

¿Nostalgia o rebeldía? Probablemente las dos cosas

Es tentador leer este giro como pura nostalgia. Los tonos saturados remiten a los años ochenta y a cierta iconografía pop de los noventa, décadas que ya han sido recicladas una y otra vez en el mundo de la moda. Hay algo familiar en ver el cuero teñido de colores brillantes: recuerda a los primeros años dos mil, cuando la moda todavía se permitía ser un poco absurda.

Foto vía: Launchmetrics

Pero reducirlo solo a nostalgia sería quedarse corto. Lo que hacen McCollough y Hernández también funciona como una declaración de principios frente al minimalismo que se volvió, con el tiempo, casi una fórmula vacía. El lujo silencioso terminó por convertirse en su propio cliché: una manera de vestir «correcta» que, paradójicamente, dejó de comunicar personalidad.

El color, en ese contexto, se vuelve un acto de recuperar el placer. No hay ironía ni distancia en estas colecciones; hay una apuesta directa por lo sensorial, por prendas que se disfrutan al verlas y al tocarlas. Es una forma de decir que la sofisticación no tiene por qué ser sinónimo de sobriedad, y que el buen gusto puede convivir perfectamente con la alegría visual.

No es solo Loewe

Foto vía: WWD

Loewe no está sola en este viaje. Otras casas también apostaron por combinaciones de color intensas y contrastantes en sus colecciones más recientes: Alaïa, Akris, Saint Laurent y Jil Sander incorporaron bloques de color vibrante en sus propuestas, aunque ninguna con la contundencia narrativa de Loewe. El propio Pantone eligidó para este año un blanco roto discreto como color representativo, una elección que contrasta de forma casi cómica con lo que realmente ha estado sucediendo en las pasarelas.

Esto sugiere que el cambio de Loewe no es un capricho aislado, sino parte de un movimiento más amplio dentro de la industria: una especie de agotamiento colectivo frente a años de beige y de «menos es más». El péndulo, como suele pasar en la moda, empieza a moverse hacia el otro extremo.

Cómo llevar el maximalismo cromático al día a día

No hace falta comprar un abrigo inflable color mandarina para adoptar este espíritu. La clave está en perder el miedo a combinar colores que antes hubieran parecido excesivos: un verde intenso con un rojo, un amarillo con un azul eléctrico.

Foto vía: Pinterest

Empezar con un solo accesorio en un tono saturado -un bolso, unos zapatos, un cinturón- es la forma más sencilla de incorporar esta energía sin sentir que se está disfrazando. Para quienes quieran ir más allá, una prenda de cuero o piel en un color inesperado puede funcionar como pieza central de un look, dejando que el resto del atuendo la acompañe en tonos neutros.

Lo importante es entender el gesto detrás de la tendencia: vestir con color no es solo una decisión estética, es también una manera de recordar que la moda, antes que nada, puede ser una fuente de disfrute. Después de años de vestirnos para no llamar la atención, Loewe nos está invitando a hacer exactamente lo contrario.


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