Sed de eternidad: la estética vampírica se niega a morir
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Sed de eternidad: la estética vampírica se niega a morir

POR Miranda Muñoz septiembre 7, 2026

Esta elección responde al deseo pasional de habitar una belleza eterna y construir un refugio de evasión y resistencia ante el caos cotidiano.

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Finnish-born actress and television host Maila Nurmi, a.k.a. Vampira, circa 1956. (Hulton Archive / Getty Images)

Explorar tu propia sombra a través de la ropa, conlleva un tipo de vulnerabilidad que pocas estéticas logran traducir.

El gesto de expresarse para habitar el mundo. La figura del vampiro nos fascina porque funciona como el espacio perfecto para sumergirnos en las capas más profundas de la identidad, ahí donde conviven el magnetismo, la melancolía y la belleza inconformista. En una cultura que constantemente premia la ligereza y la homogeneidad, abrazar la teatralidad del encaje, el peso del terciopelo y la densidad del negro es reclamar la libertad de proyectar nuestro universo interior. 

De la plaga folclórica al glamour de Hollywood

Para comprender el peso de esta estética, hay que rastrear la metamorfosis de su propia historia. En su origen folclórico, como documenta Nick Groom en The Vampire: A New History, el monstruo encarnaba la amenaza de la plaga y la descomposición. Sin embargo, la literatura del siglo XIX despojó a la criatura grotesca para vestirla con trajes a la medida, capas de seda y modales aristocráticos.

Foto vía: Pinterest

Esa transición convirtió el miedo y la repulsión a la tumba en fascinación; la inmortalidad dejó de ser una condena para convertirse en el símbolo supremo del estatus y el deseo.

Antes de que las pasarelas de alta costura reclamaran formalmente esta oscuridad, el cine y la televisión de mediados del siglo XX moldearon su primer gran ícono moderno con Maila Nurmi, inmortalizada como Vampira. Considerada la pionera absoluta del gótico en Hollywood, Vampira tradujo la elegancia tétrica de las divas del cine mudo en un fenómeno de la cultura pop: cinturas de avispa, vestidos negros rasgados y una palidez teatral hipnótica. Ella demostró que la imaginería del «nomuerto» podía habitar los medios masivos no desde el espanto simplista, sino desde una sensualidad dominante y vanguardista que abriría el camino para las subculturas y diseñadores de las décadas que le siguieran.

Seducción y androginia: la antítesis de la belleza convencional

Foto vía: Pinterest

Ese magnetismo se traduce en un erotismo que desafía las normas de consumo actuales. Como sostiene Sam George desde su proyecto Open Graves, Open Minds, el vampiro reaparece para canalizar nuestras pasiones reprimidas frente a una hipersexualización convencional, proponiendo una seducción andrógina, distante y que funciona como un ejercicio de independencia de identidad.

Esta propuesta quiebra radicalmente con los ideales de las tendencias hipercuradas que saturan el mercado actual, como el minimalismo y la pulcritud. El vampiro no viste para complacer la mirada ajena ni para amoldarse a los roles tradicionales de género, sino para construir una atmósfera de misterio donde el deseo se experimenta desde el poder personal, la libertad y la autonomía.

Subculturas, alta costura y rebelión

Este código visual también ha demostrado una capacidad única para ramificarse en corrientes como el Dark Academia, el Whimsigoth o el Goth-Glam. Diseñadores emblemáticos como Thierry Mugler y Alexander McQueen reinterpretan esta estética en piezas que rechazan la estructura efímera y se apegan a los valores de autenticidad y vulnerabilidad voraz del gótico moderno.

Foto vía: The Metropolitan Museum
Foto vía: The Archive X Yana

En su influyente estudio Gothic: Dark Glamour, la historiadora Valerie Steele destaca cómo la vestimenta transforma el drama visual en una verdadera armadura textil y emocional. Las telas de gran riqueza táctil, el terciopelo pesado, la seda borgoña, el cuero estructurado y los encajes antiguos no son meros adornos y nunca lo fueron. Son herramientas de autoridad que desafían la insaciabilidad del fast fashion. Vestir bajo la estética gótica implica oponerse al consumo desechable, ofreciendo a cambio un uniforme atemporal que celebra la complejidad de quien lo usa.

Cine, íconos y refugio en la era digita

Podemos observar esta renovación estética abarcando cada esquina de la cultura pop, desde la reciente adaptación fílmica del mito, Draáula: A Love Tale (2025), hasta el magnetismo visual que presentan figuras como Zoë Bleu, Anya Taylor-Joy o FKA Twigs.

Foto vía: Dazded100

Al igual que en anteriores crisis culturales, la atracción por lo «no muerto» renace como una respuesta directa a la saturación de nuestra generación. En una época dominada por la sobreexposición y la inmediatez algorítmica, adoptar la oscuridad funciona como un escudo colectivo.

El derecho al misterio

El regreso a lo gótico, entonces, actúa como el antídoto perfecto frente a la saturación de una era hiperconectada. La figura del vampiro no nos cautiva por su oscuridad, sino por su capacidad de sostener la relevancia y la profundidad frente al paso del tiempo. Mientras la cultura contemporánea continúe obsesionada con la inmediatez y la perfección, vestirse con opulencia seguirá siendo nuestra forma más íntima de resistencia. La moda gótica se convierte así en un lienzo íntimo donde la identidad no se rige por el entorno exterior, sino que se manifiesta con absoluta soberanía.


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